Equipo Falso9 | Estás leyendo una noticia del día 26/10/2026
El estadio de Riazor fue testigo de un auténtico encuentro de infarto donde la fe y la insistencia terminaron por obrar el milagro. Los aficionados que acudieron a apoyar al Deportivo de La Coruña vivieron una montaña rusa de emociones en un partido que parecía completamente abocado a la derrota tras el tanto inicial del conjunto rival.
El desarrollo del choque estuvo marcado por la escasez de ocasiones claras para las locales, que apenas habían conseguido inquietar la portería defendida por Parera en todo el encuentro. Sin embargo, el fútbol guarda sorpresas imprevisibles y la mítica frase popular sobre las meigas cobró todo el sentido en los instantes finales sobre el césped gallego.
La reacción blanquiazul comenzó a gestarse con el tanto de falta directa ejecutado con maestría por Carmen Sobrón, un gol que inyectó una dosis masiva de energía a un equipo que no estaba dispuesto a ceder los tres puntos en su propio feudo. La tensión competitiva se palpaba en cada metro del terreno de juego ante la mirada atónita de la grada.
El punto de inflexión definitivo llegó en el minuto ochenta y cuatro, cuando una jugada vertiginosa de Millene Cabral forzó la expulsión de Parera. Esa tarjeta roja cambió radicalmente el panorama táctico y psicológico, dejando a las visitantes tocadas y obligadas a resistir las embestidas finales del conjunto local.
Aprovechando la superioridad numérica, la propia Millene y una emocionadísima Lucía Pardo culminaron la remontada en los últimos suspiros del tiempo reglamentario. Una victoria memorable que demuestra la casta de un Deportivo indomable que festeja un triunfo épico.
