Equipo Falso9 | Estás leyendo una noticia del día 26/10/2026
Montados en la máquina del tiempo, recordamos el momento exacto en el que el banquillo del Ramón Sánchez-Pizjuán pudo cambiar de rumbo. Tras una temporada convulsa en Nervión y con la resaca de haber levantado la Europa League apenas un año antes, la directiva del Sevilla FC se lanzó con todo a por los servicios de Jagoba Arrasate, técnico que acababa de cerrar una etapa dorada de seis temporadas al frente de Osasuna. Las negociaciones sobre el papel parecían viables, pero el destino tenía reservado otro camino para el preparador vizcaíno.
El presidente José María del Nido Carrasco y el entonces director deportivo Víctor Orta veían en Arrasate al perfil idóneo para liderar el nuevo proyecto sevillista. Sin embargo, las dudas institucionales y deportivas que flotaban en el ambiente del club andaluz pesaron demasiado en la balanza. El propio entrenador reconoció abiertamente tiempo después cómo se gestó aquel episodio que pudo cambiar su carrera: ‘Sí, hubo interés del Sevilla, pero al final preferí el Mallorca’, confesó semanas más tarde cuando ya dirigía a los bermellones en las islas.
La negativa de Arrasate obligó a la dirección deportiva del Sevilla a cambiar de planes de manera drástica, apostando finalmente por la contratación de García Pimienta para el banquillo de Nervión. Por su parte, el técnico vasco encontró en el proyecto balear la estabilidad y la ambición necesarias para seguir creciendo en la máxima categoría del fútbol español, demostrando una vez más su capacidad para gestionar plantillas competitivas y exprimir al máximo el talento de sus jugadores sobre el terreno de juego.
Mirando la perspectiva del tiempo y el desarrollo posterior de los acontecimientos, la decisión de Arrasate resultó ser todo un acierto en su trayectoria profesional. Mientras el Sevilla continuaba inmerso en una profunda reestructuración económica y deportiva, el entrenador consolidaba su prestigio en los banquillos de LaLiga EA Sports, dejando una huella imborrable tanto en su etapa rojilla en Pamplona como en su posterior aventura al frente del conjunto balear, donde continúa demostrando su enorme valía táctica.
En definitiva, aquel coqueteo entre el Sevilla y Arrasate queda ya para la intrahistoria de los banquillos españoles, un ‘pudo haber sido’ que sirve para entender los complejos engranajes del mercado futbolístico. Los caminos del técnico vizcaíno y del club hispalense no llegaron a cruzarse, pero la anécdota retrata a la perfección el cotizado cartel con el que contaba el preparador tras culminar su inolvidable ciclo en El Sadar, consolidándose como uno de los entrenadores más respetados del panorama nacional.
